Domina tus frustraciones


                      Candy Román

 

Todos tenemos la libertad y la autoridad para elegir la vida que queremos llevar. Hay situaciones que no podemos controlar, pero sí podemos manejar la frustración que estos producen.

¿Pero qué entendemos por frustración? Es el sentimiento que surge cuando no logramos conseguir lo que queremos o deseamos. Esa reacción de molestia, ansiedad, depresión, angustia y enfado… El problema no está en el  sentimiento  que experimentamos, si no en nuestra actitud de cómo reaccionamos ante la  situación.

La mayoría de las personas viven enojadas y muchos no saben el porqué del enojo. No se han detenido a analizar que  ese  enojo  que están sintiendo viene de su frustración. Pero la pregunta sería: ¿Por qué nos frustramos? Muchas veces al no realizarnos como persona.  En algunas ocasiones pretendemos alcanzar determinadas metas que son inalcanzables y al no lograrlo, experimentamos un desajuste que puede manifestarse en forma de frustración, de conflicto y de enojo.


La frustración la  podemos sentir en cualquier momento. En el trabajo, con la familia, con el ambiente que nos desarrollamos, hasta con la iglesia. Por ejemplo: Las personas tienden a buscar un trabajo que les estimule, que les permita crecer, donde  ponga en práctica  para lo cual  se ha  preparado. Pero cuando las expectativas que se fijan no se cumplen, entonces hay mucha frustración. Otro ejemplo es cuando se unen con la pareja incorrecta, cuando los hijos andan en malos pasos o cuando no le alcanza el dinero para pagar sus deudas. Las reacciones que vivimos por las experiencias negativas nos lastiman y crean un estado emocional frustrante. La frustración puede dar lugar a una conducta agresiva, la cual se manifestará en actitudes reactivas y no proactivas. Los mecanismos mentales de defensa empiezan a funcionar a partir de la presencia de fuertes sentimientos de insuficiencia.


Cuando comenzamos a pensar en nuestras deficiencias personales, experimentamos una pérdida de confianza en nosotros mismo y nos sentimos inferiores a otros.  Esto nos puede  causar desajustes emocionales. Podemos estar hablando de todo lo que nos puede causar frustración y por resultado el enojo.  El problema no es externo, si no interno, y surge de los pensamientos negativos que  creamos , de  cómo reaccionamos y de cómo  interpretamos lo que nos está sucediendo. Si seguimos enfocado en el problema no desaparecerán las adversidades  y  empeoraran hasta hacernos perder el control, la confianza y la seguridad. Cuando la persona proyecta sobre otros su insuficiencia, su inseguridad y su carencia, le impedirá descubrir las soluciones a los retos que se enfrenta.


Es fácil hacernos la víctima ante las circunstancias, responsabilizar a los demás por los dolores de cabeza que se está sufriendo. Es fácil  abandonar el reto y estar hablando de las excusas que le impiden seguir adelante, pero cambiar exige acción a otro nivel. Albert Einstein dijo en alguna oportunidad:  “Demencia es hacer una y otra vez lo mismo y aun así, pretender un resultado distinto.” Debemos visualizar la vida que deseamos,  saber enfocarnos y administra nuestras frustraciones.

Todos, absolutamente todos venimos al mundo con una serie de dones que nos fueron dados para nuestro beneficio y para mejorar la vida de las personas que nos rodean. Pero lamentablemente no sabemos usarlos para nuestro provecho. Podemos cambiar esos paradigmas, reconociendo  los  dones, fortaleciendo las  debilidades y administrando esas frustraciones que no te dejan tener una buena relación con los demás o tener éxito en la vida. Perdonar y perdonarnos es parte de este proceso para tener una mejor calidad de vida. Cualquiera que sea la causa que imposibilite la satisfacción de tu crecimiento, esta puede ser superada.


Debemos visualizar la vida que deseamos, enfocarnos y saber administra nuestras frustraciones. “El verdadero juego de la vida no consiste en tener las mejores cartas, sino en jugar bien con las cartas que nos dieron”. Tienes dos opciones o asume responsabilidad ante sus frustraciones o espera que las crisis definan su destino, ¡Tú  decides!